sábado, 26 de mayo de 2012

MAGDALENA


Ya estoy saliendo… Sí, sí, presenté todo… Me dieron un recibo, sí… Lo miré, me fijé bien… Sí, sí, ya te dije que sí, está todo anotado… Hola, hola, ¿me escuchás?... Que está todo anotado… Sí, me lo firmó… Me voy para casa, ¿y vos?...  ¿Querés que nos encontremos?… Hola… Hola, ¿me escuchás ahora? Pensé que podíamos volver juntos... Yo estoy cerca del subte, en un ratito puedo alcanzarte… ¿Te parece en Medrano?... ¡Medrano!… ¿Me escuchás? No, no me escucha, no voy a gritar, que me vuelva a llamar. ¿Iré bien por aquí? Sí, sí, esta es Uruguay, tengo que seguir derecho, plaza Lavalle debe estar por aquí nomás, podría darme una vuelta pero se me hace tarde, no voy a llegar a tiempo a Medrano, qué lástima, quién sabe cuándo voy a volver a estar tan cerca y este día se parece tanto a aquel, porque siempre es aquel día en plaza Lavalle, el cielo gris y mucha lluvia y yo con Magdalena cortando flores de los palos borrachos, tendríamos once o doce años y no nos importaba caminar bajo el agua. A mí se me empezó a desteñir un pullover que había heredado de una prima, toda la ropa que yo usaba alguien la había descartado por vieja o pasada de moda y me chorreaba la anilina marrón por los brazos y las manos y se me encogían las mangas pero todo nos daba risa, y eso que volvía a una casa vieja de paredes altas y grises que siempre estaba fría  y no me esperaba nadie porque mamá trabajaba todo el día y papá bien gracias si aparecía los domingos para llevarme a alguno de esos paseos tristes por Palermo o para comprarme el libro usado de botánica cuando ya estaba por terminar el primer cuatrimestre y nunca me sobraba un peso para sentarnos las dos a tomar una coca o algo calentito en algún bar pero jugábamos a que un día íbamos a mirar la lluvia del lado de adentro tomando una coca o un té con masas hasta que llegara la hora de volver a una casa de paredes pintadas con colores alegres y llena de flores y de calor y toda esa eternidad que teníamos por delante nos daba alguna esperanza. En la parada del colectivo siempre hacíamos eso de mirar hacia abajo con cara de desesperación, como si estuviéramos buscando algo y siempre había alguna señora mayor que tendría la misma edad que nosotras tenemos ahora pero en ese momento para nosotras era una señora mayor y le decíamos con la voz entrecortada que se nos habían caído las monedas para el colectivo y le hacíamos toda una historia y nunca podíamos hablar las dos juntas porque alguna se tentaba y se daba vuelta o se alejaba porque le dolía la panza de tanto contener la risa y se le caían las lágrimas y la otra tenía que seguir con el juego y a veces era yo y otras veces Magdalena y al final casi siempre nos daban algo y lo gastábamos para comprar chicles o una gaseosa pero nunca más que eso porque tampoco nos daban tanto y volvíamos a pie con el ramo de flores riéndonos a las carcajadas todas esas cuadras mientras se iban cayendo los pétalos por el camino. A mí siempre me atrajeron las flores que crecen en lugares públicos y la sensación de que uno puede llevarse algo hermoso sin tener que pagar un precio como ese tulipán que descubrí entre los yuyos del campito que estaba en la esquina de mi casa, nunca supe si era de verdad un tulipán o una amapola o alguna otra flor silvestre pero en ese momento fue un tulipán para mí y yo pensaba que esas flores sólo brotaban de los jarrones de las florerías y había que comprarlas si uno quería tenerlas y sin embargo el tulipán estaba ahí oculto en el pastizal y no era de nadie y al principio yo iba a verlo a escondidas como si hubiera encontrado un tesoro pero un día no me aguanté y me parecía que me estaba robando algo cuando me lo llevé y lo puse en un vaso con agua en mi habitación y no quería que se muriera nunca como cuando Magdalena se casó y compraba flores para la casa y el marido no entendía por qué siempre traía sólo media docena y le preguntaba ¿por qué no comprás más? y cuando Magdalena se daba cuenta que podía comprar todas las flores que quisiera le daban ganas de reírse. Ahí está avenida de Mayo, mierda, casi me caigo, tengo que mirar por dónde camino, a ver si me pasa como a la china, pobre chinita, hay que caerse en un pozo de seis metros y que todo el mundo pueda ver ese momento y reproducirlo hasta el cansancio, todo el mundo literalmente, ahora hay cámaras por todos lados y cualquier cosa que te pasa queda documentada pero no te garantiza nada porque las cosas pasan igual, nada más que a la vista de todos. ¿Y si se hubiera caído de noche?, la cámara impasible registrando cómo se hundía sin poder hacer nada y la china seis metros bajo el nivel del mar qué papelón, no, no, de verdad es trágico pero no deja de ser gracioso, pobre china dicen todos pero a la cuarta vez que pasan la imagen de la china caminando distraída y de repente desaparece bajo la tierra no se puede evitar la risa porque no es que se murió ni le pasó nada grave y por eso es más patético o humillante que una caída se convierta en semejante espectáculo y si se hubiera muerto nadie se hubiera reído pero estaba viva y a la décima repetición uno piensa qué tarada y se olvida que sucedió de verdad y se ríe sin culpa si después de todo nadie puede verte cuando te estás riendo de la china solo frente al televisor, a mí un día me va a pasar  por mirar para arriba y ojalá que no haya cámaras. Mirá para arriba me dice siempre Magdalena, vas a descubrir otro mundo, y me señala las cúpulas de los edificios, las gárgolas y las molduras y me enseña a mirar ese otro mundo de formas extrañas y hermosas y se ve un paisaje  diferente porque la gente y los autos y el ruido están muy lejos de ese paraíso que está más arriba cerca del cielo cubierto de nubes grises, cómo me gustan estos días. Mejor me apuro porque no voy a llegar a tiempo hasta Medrano, no sé por qué le dije a Luis de encontrarnos justo ahí, hasta hace poco me empezaba a latir fuerte el corazón cuando estaba cerca de la casa de Martín, a unas pocas cuadras de donde yo vivía mucho antes de conocerlo y no puede ser casualidad que hayamos crecido en el mismo barrio y caminado las mismas calles y no sería extraño que nos hubiéramos cruzado alguna vez en el puente que une Billinghurst con Díaz Vélez y ojalá nos hubiéramos mirado a los ojos y otra hubiera sido nuestra historia, si sólo bastó con mirarnos la primera vez para que el mundo desapareciera alrededor pero ya era tarde para los dos y a veces pienso que en realidad me enamoré por eso y cada vez que caminaba por esas calles iba con él aunque yo estuviera sola porque en realidad nunca caminamos juntos por ningún lado pero yo lo llevaba conmigo a todas partes y era algo extraño, pasaba por una de esas panaderías antiguas y tenía la sensación de que alguna tarde fría de domingo habíamos ido juntos a comprar algo rico para la merienda y me venían imágenes y recuerdos de momentos que nunca sucedieron  y sin embargo para mí eran tan reales como los fantasmas que no sabemos si existen o no y después de todo eso es lo que él siempre fue, un fantasma, como ese hombre que duerme en un zaguán,  la gente va y viene a algún lugar pero él duerme para olvidar que no tiene ninguno y se tapa hasta la cabeza con una frazada para no sentir el frío y no hay cámaras filmando porque ni siquiera es gracioso como lo de la china y parece que fuera invisible porque nadie lo mira. Mirá para arriba dice siempre Magdalena, y aparece el edificio de la confitería El Molino y es un espectro, una mancha oscura en la esquina y así en ruinas como está la gente sigue diciendo qué magnífico edificio porque forma parte del paisaje y es una costumbre y como todo lo que se repite una y otra vez se desgasta y entonces pasan cientos de personas por al lado y en lugar de mirarlo evocan su imagen del pasado o de las fotos con todo su esplendor y siguen diciendo que es una joya arquitectónica pero nadie quiere mirarlo como está en realidad. Pensar que yo estuve en uno de los salones del primer piso para un cumpleaños de quince y ya estaba medio venido abajo, y me aburría mucho porque era muy tímida y no me gustaba sentir la cercanía y la intimidad de los cuerpos transpirados de los varones y el aliento con olor a cigarrillos y alcohol cerca de mi cara y en un momento la fui a buscar a Magdalena para decirle que quería irme y ella estaba hablando con un chico que tenía un paquete de cigarrillos LM entre las manos y deletreaba con tono solemne ele eme, la maldad, veinte maldades juntas y me sorprendió, era una boludez lo que decía pero yo la pasaba tan mal en esos lugares donde los chicos te preguntaban siempre las mismas estupideces como esas encuestas grabadas que te hacen por teléfono y sólo buscaban entrar en confianza para darte un beso de lengua o rozarte una teta y por eso me llamó la atención ese comentario pero después Magdalena me dijo que era un pesado y a mí me decepcionó un poco. Suena el celular, debe ser Luis que me está llamando y esta cartera que se desfonda, parece un agujero negro, siempre digo que la voy a tirar porque se va todo para el fondo y no encuentro nada, y seguro es Luis para pedirme algún detalle, para él la vida está en los detalles y sólo existen las certezas, es blanco o negro, y se empeña en ser práctico y eficiente y se apega a la realidad como una ventosa, tanta realidad que a veces me dan ganas de salir corriendo, ahí está el celular, no, son los cigarrillos y este bolso de mierda, qué boluda, lo había puesto en el bolsillo. Hola, sí, ¿me escuchás ahora?... Estoy por entrar al subte... ¿No querés venir hasta Congreso?... Ya sé, ya sé que fui yo la que dijo Medrano, ¿no te animás a venir para este lado?, está tan linda la tarde… Sí, sí, hace frío pero me gustan estas… Hola, ¿me escuchás?... Ya sé que es la peor hora, pero podés dejar el auto y venir en subte. Son cuatro estaciones nada más, yo te espero en el invierno… Nada, nada, no importa, una boludez… Que son cuatro estaciones, tampoco estás tan lejos… Bueno, bueno, está bien, en Medrano… Qué sé yo, entrá en algún bar o esperame en el auto… Hola… Hola, ¿me escuchaste?... Hacé lo que quieras. No sé para qué me pregunta si al final hace lo que quiere y yo no puedo patalear porque lo dejo, tendría que haber insistido, no tengo ganas de ir hasta Medrano, pero le digo hacé lo que quieras por no discutir, es más cómodo, o porque él siempre sabe lo que quiere, a mí me cuesta darme cuenta, no puedo decidir en el momento, necesito un tiempo para pensar, y aún así nunca estoy segura. No, no es cierto,  hoy hubiera querido quedarme en plaza Lavalle y sentarme en un bar a tomar un café o una coca y ver la lluvia a través de la ventana con Magdalena que me dice mirá, mirá que hay otro mundo allá arriba y me enseña a mirar pero ella  es como los recuerdos de Martín y todos los fantasmas que nunca estoy segura si son o no son, o en realidad no quiero saber. Por eso no le insistí a Luis, ni loca se me hubiera ocurrido pedirle que cortara flores de los palos borrachos si total no hubiera entendido por qué no compro otras más lindas en una florería y seguro que no me iba a reír como me reía a las carcajadas volviendo a casa toda mojada con el pullover desteñido mientras se me iban cayendo los pétalos por el camino.

viernes, 6 de abril de 2012

ABRIL

Abro apenas la boca y suelto una a y enseguida suspiro una be antes de apoyar fugazmente la lengua en el paladar para implotar la ere. Después sólo relajo los labios para pronunciar la i junto con la ele que exhalo con ligereza y ya está, es abril y son las hojas cayendo de los árboles, el vuelo lento de un pájaro, el sol de la tarde en un cielo más celeste que de costumbre y las noches un poco más frías. El aire es de cristal y el ánimo se sosiega en la contemplación del paisaje que cambia de color, sutilmente.
Abril es sutil. El verano quedó atrás y aún no llega el invierno. No hace calor y tampoco hace mucho frío todavía. Ya pasó el vértigo del comienzo de año y es muy pronto para sentir nuevamente la urgencia de que termine.

El cuerpo se siente a gusto debajo del sol. Me acuesto en el sofá junto a la ventana y me dejo morir un poco con el atardecer. Mis ojos se demoran en el empapelado con flores de la pared y yo insisto en cerrarlos pero las flores azules siguen ahí bajo mis párpados, tan iguales al último mes de Abril, y al anterior

Es difícil tomar decisiones drásticas en Abril.
Es difícil reconocer que ya nada es lo que era y que es mejor irse antes de que sea tarde y llegue la resignación.
Es difícil esperar que aparezcan la luna blanca y las estrellas en el cielo azul y olvidar que hace un poco de frío mientras se amontona la ropa en una valija y se dice adiós.
Quién podría, quién puede recordar que nada es para siempre cuando apenas comienza Abril...

Abro la boca en un largo bostezo y enseguida suspiro una be antes de apoyar fugazmente la lengua en el paladar para implotar la ere mientras me acurruco debajo de la manta. Medio dormida relajo los labios para pronunciar la i junto con la ele que exhalo con ligereza y ya está, es siempre abril y flores azules de papel caen de los árboles...

martes, 20 de marzo de 2012

UN NUEVO AMOR



Nos conocimos el 8 de Marzo, hace pocos días. Fue en la tarde soleada de un jueves cuando te vi por primera vez. Tenías las manos apoyadas plácidamente una encima de la otra sobre el pecho y los ojos cerrados, y aunque yo necesitaba con urgencia que los abrieras para mirarnos, tuve que esperar hasta la noche porque estabas muy cansado. Recién entonces llegó el abrazo y la mirada, y fue amor a primera vista.

Todavía no alcanzo a comprender cómo se puede querer tanto a alguien en tan poco tiempo, pero el amor es así a veces: brota de golpe como un estallido y empieza a latir en todo el cuerpo sin ninguna explicación. De pronto ocupa un lugar inmensurable y esa presencia que antes no existía se vuelve casi tan imprescindible como nuestro propio latido y nos deja perplejos.

No sé cómo sos todavía, no sabría definirte. Puedo contar cómo movés tus manos todo el tiempo y tu manera de sonreír con toda la cara mientras dormís. Parece que estuvieras a punto de largar la carcajada pero no, todavía tu risa es en silencio y con los ojos cerrados. No sé mucho más, apenas te estoy descubriendo.

Aún no se ha revelado tu carácter, tus gustos y preferencias, y tampoco tus modales. Simplemente sos y estás aquí entre nosotros, y a mí me alcanza con eso. Pienso que es un buen amor porque no hay razones ni condiciones, y no espero nada en particular de parte tuya para quererte como te quiero. Ojalá pueda ser siempre así entre nosotros.

No hemos intercambiado una sola palabra todavía y sin embargo ya sos parte de mi vida y yo de la tuya, y nada ni nadie podrá cambiar eso. Por ahora te doy besos, te canto, te abrazo, te huelo, y vos te dejás besar, cantar, abrazar y oler. Así de sencilla es nuestra relación, y así de profundo es el cariño; no hay ninguna pretensión, ninguna expectativa.

Me resulta familiar esta manera de querer, y al mismo tiempo es un sentimiento nuevo. Será que sos el hijo de mi hija y por ella siento esa clase de amor: nunca esperé ni hizo falta que hiciera o fuera algo en particular para quererla tan profunda y entrañablemente.

Tengo muchos años más que cuando la tuve a tu mamá por primera vez en los brazos. Con el paso del tiempo uno aprende, no digo a querer más porque no es posible, pero sí a querer mejor. Son los hijos los que nos enseñan, cuando nosotros los dejamos.
Es extraño, pero cuando comenzamos a aceptar que no tenemos derechos adquiridos ni control sobre la vida de los que amamos, se vive con más alegría. Es lo que hay. Ahora. Este momento es la única certeza que tenemos. El presente es la única posibilidad real de experimentar y disfrutar de esa presencia y ese cariño, y todo se vuelve más intenso.

El afecto verdadero se expande generosamente, porque genera dicha. Yo, mamá de tu mamá, abuela del hijo que ella ha tenido con el hombre que ama, me siento conmovida cuando los miro a ustedes tres: ya son una familia.
Colmada por este sentimiento nuevo de amor y ternura por vos aunque apenas te conozco, te prometo seguir queriéndote así por el resto de mi vida, y ansío que sepas que jamás ninguno de los dos tendrá que hacer nada para justificar o merecer este cariño mutuo. Estamos. Somos. Y vamos a tener la felicidad de estar en la vida del otro. Eso es todo lo que importa.

Bienvenido al mundo nieto de mi alma.

viernes, 2 de marzo de 2012

PAULA MANZANO, POLA TURQUESA


      Pola Turquesa. Hija putativa de la nocturna. Hija ilegítima pero reconocida y reconocible de esa parte de mí que se resiste a ser domesticada o satisfecha.
      Pola, Polita, Paula, tan necesaria en mi vida para recordar y recordarme. Que no se puede a medias, que hay que ser enteramente o no se es, y con ella yo puedo ser todas las que soy. Y se lo agradezco.
      Pola. Polita. Como el agua del Caribe. Increíblemente turquesa, increíblemente transparente. "El turquesa de ahí mismo, el azul del océano más lejano, y el violáceo del cielo" Paula dixit. "Las cosas son como son (o como no son)" Pola dixit también. Y la vida sencillamente es, cuando ella mira y me enseña a mirar el horizonte tricolor.
      Polita. Poli. De chica yo leía una y otra vez ese capítulo de Tom Sawyer donde la tía Poly lo mandaba a pintar la verja blanca a la hora de la siesta. Algo dulce me vuelve de la infancia y de ese vínculo entrañable cuando la llamo Polita, Poli, aunque sea al revés y no sea yo la tía Poli, sino ella, mi sobrina. A mí me gusta que seamos tía y sobrina, disfrutarla y disfrutarnos, reconocerla y reconocerme en ella sin haber tenido parte  o mérito alguno. Eso es lo grandioso.
      Pola Turquesa. Hija putativa, reconocida e ilegítima de la nocturna, versión mejorada de la mejor versión de mí misma, sí, pero no es por una cuestión de espejos que la quiero tanto. Es eso que trae con ella que no se parece a nada ni a nadie; tan particular, tan especial y contundente. Sabe escuchar, sabe mirar, sabe acompañar; es pura presencia. Hay que tomarse tiempo para escucharla a ella y abrir grandes los ojos para mirarla y dejar que despliegue la gama de turquesas. Vale la pena. La vida parece otra cuando ella la cuenta.
      
Paula Manzano, mi sobrina, Pola Turquesa y todas las que ella también se anima a ser: Yo la celebro y la admiro, pero por sobre todas las cosas, la quiero profundamente..

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lunes, 20 de febrero de 2012

INSOMNIA


Afuera y adentro la noche interminable, rabiosa y oscura, no suelta su mordida. Mis ojos desnudos, abiertos, desvelados. Desasosiego. Temor. Un hueco vacío en la cama inhóspita.
Me resigno a los párpados livianos como el aire. No hay sopor, no hay somnolencia. Paria de la noche palpito con fuerza, no me dejo ir, me pienso. Quisiera abandonarme, escapar, ser ausencia de mí por unas horas, pero soy presa de esta negrura que me espanta y de un tiempo que no transcurre. Rehén o centinela, no lo sé.
Cambia la luz y las sombras se diluyen, menos yo. La noche afloja su mordida y escupe un poco de mi sangre. No cumple su velada amenaza de hundirme para siempre en ella pero se va y me deja sola y desvalida, un poco más.
Entra el temido resplandor por la ventana y finjo que estoy dormida. Hago un último intento de apagarme pero es inútil. Parpadeo el amanecer y la luz me duele en todo el cuerpo. Escucho las alarmas del reloj timbrando para otros. Despiertan, abren los ojos. Ya es otro día. Uno nuevo. No para mí, que es ayer todavía.